Cuatro destinos a menos de cinco horas en coche desde Los Ángeles, para el fin de semana en que por fin refresca.
Por: ESTILO HOGAR / Redacción
El sur de California tiene una relación rara con el otoño. En la costa la estación se anuncia con niebla y poco más; hay que subir para encontrarla. A menos de cinco horas de coche desde Los Ángeles hay media docena de pueblos donde el aire cambia de verdad, las hojas se vuelven y una chimenea encendida deja de ser un capricho.
Cómo elegir el fin de semana
La mejor época va de mediados de octubre a principios de diciembre: ya pasaron las primeras noches frías, y todavía no llega la nieve que complica las carreteras de montaña. Es también cuando la niebla se queda abajo, junto al mar. Se sube atravesando un cielo gris y se llega a un sol limpio a mil quinientos metros.
Conviene salir temprano el viernes o esperar al sábado a mediodía. La tarde del viernes es la peor decisión posible en cualquier carretera de salida de la cuenca, y una hora ganada en el reloj se paga con dos en el tráfico.

Qué llevar
Capas, más de las que parecen necesarias. La oscilación entre el mediodía soleado y la noche a mil ochocientos metros pasa cómodamente de quince grados, y casi todo el mundo la subestima porque hace las maletas mirando el termómetro de su casa.
Idyllwild
Pino, granito y una calle principal que se recorre a pie en veinte minutos. Es el más forestal de los cuatro y el que mejor conserva la escala de pueblo: no hay cadena hotelera, y el alojamiento es cabaña o pensión. La subida por la carretera de montaña tiene curvas cerradas y merece hacerse de día.
Julian
El más conocido y el más concurrido, por una razón razonable: la manzana. En otoño el pueblo entero huele a tarta y las colas en las pastelerías son parte del plan. Conviene reservar alojamiento con semanas de antelación, y aceptar que un sábado de octubre no se va a encontrar aparcamiento cerca de la calle principal.
Ojai
Menos altura, más luz y otra clase de otoño. El valle se orienta de este a oeste, lo que produce al atardecer un resplandor rosa sobre la sierra que tiene nombre propio y que la gente sale a mirar. Es el destino más blando de los cuatro y el mejor si el plan incluye a alguien que no quiere caminar.
Big Bear
En temporada de esquí es otra cosa; en otoño el lago se queda quieto y el pueblo se vacía. Es el que más se transforma según el mes, y el único de la lista donde conviene comprobar el parte antes de salir.
Dormir
La cabaña con chimenea es el alojamiento canónico y se agota primero. Si se reserva tarde, la pensión del centro del pueblo suele quedar libre y tiene una ventaja que nadie anuncia: se sale a cenar andando, que en una carretera de montaña sin alumbrado no es un detalle menor.
Pregunte siempre por la calefacción antes de reservar. Muchas cabañas de estos pueblos calientan solo con la chimenea, lo cual es encantador a las nueve de la noche y considerablemente menos encantador a las seis de la mañana.
Casi todo el mundo subestima la oscilación
(Entre el mediodía soleado y la noche a mil ochocientos metros hay quince grados largos. Las maletas se hacen mirando el termómetro de casa.)
Comer
La oferta en los cuatro pueblos es corta y cierra temprano. Fuera de la calle principal es difícil encontrar cocina abierta después de las nueve, y en temporada baja algunos sitios cierran entre semana sin avisar. Llevar desayuno resuelve la primera mañana, que es cuando todo está cerrado y hace más frío.
Antes de salir
Cuatro comprobaciones que ahorran el noventa por ciento de los disgustos en una escapada de montaña, y que se hacen en diez minutos la noche anterior.
El parte y el estado de la carretera — Especialmente para Big Bear a partir de noviembre. Los puertos se cierran con poca antelación y la información oficial se actualiza por la mañana.
La calefacción del alojamiento — Chimenea no es calefacción. Pregunte explícitamente si hay otra fuente de calor y si funciona por la noche.
El depósito lleno antes de subir — Las gasolineras de montaña son pocas, caras y cierran temprano. Se llena abajo, sin excepción.
Capas de más — Quince grados largos de oscilación entre el mediodía y la madrugada. Nadie ha vuelto quejándose de haber llevado un jersey de sobra.
Arriba de la niebla. Entre octubre y diciembre la capa marina se queda abajo, y las carreteras de montaña salen a un sol limpio.